miércoles, 14 de mayo de 2014

Qué miedo el miedo



Me robaron mi cuerpo, me hicieron tener miedo de él, vergüenza, me dijeron (o me dije) que el dolor es malo, que huyera de él, que el placer es malo, que tener cuerpo es peligroso, que morir es perder (game over), que es mejor evadir la mente, las emociones, renunciar a ser tú mismo, para buscar ser alguien más o parecerte a tal o cual.

Me da miedo mirarme de frente, sostener la mirada, mirar el espejo que llevo por dentro, el que nunca me miente, por eso vengo huyendo desde hace siglos, de quién si no de mi misma, de ti mismo, del infinito, del todo , de la nada, de los contrarios unidos, de los complementarios, por qué no puedo mirarme.  Porque da terror y no hay camino más largo y pedregoso, porque en las piedras y en el cielo me reflejo, porque tengo cara de… anciano, de árbol, de maceta, de materia putrefacta y de amapola floreciendo, porque tengo cara de juicio y me espanta, porque tengo una mueca de amor escondida tras mis desesperaciones.

A veces se me olvida que este barco lo manejo yo, que esas estrellas que me alumbran van por dentro y por fuera sólo se reflejan, que no hay nada en el mundo que no se halle dentro de mí, que soy lo que más odio y lo que más amo, que éste terror sólo está en no atreverme a voltear hacia dentro y romper los adentros y los afueras, las barreras que separan, los conceptos que dividen.

Me robaron mi cuerpo, abandoné mis dolores, siempre estoy luchando contra ellos, lo mismo que contra mis anhelos, siempre peleando contra la realidad, contra mi naturaleza, (por qué, si no, la destruimos tan fervientemente), contra lo que no quisiera, huyo del miedo y huyendo me lo encuentro, huyo del dolor sufriendo, qué miedo el miedo.


El alma es lo eterno, lo que trasciende mi cuerpo y mi mente concreta, individual, aferrada a su nombre, a sus lugares comunes, a sus afanes diarios, este cuerpo que se resiste a morir y que así resistiendo se muere. Pero no es malo mi cuerpo, ni sucio, ni mis sudores son sucios, ni mis excrementos. Son parte de lo mismo, son tan hermosos como mis alimentos y mis órganos que digieren. No está mal ser yo, y tener un alma que me trasciende, ni tener un cuerpo que me contiene. No está mal ni bien, no es bueno ni malo, sólo es.